Hablando de fronteras y nacionalidades (Parte 3)

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El pecado original

En la historia de Adam (Adán), la paz sea con él, nos distraemos tanto con su expulsión del Paraíso que nos olvidamos del verdadero pecado original: el racismo. He aquí el mal social más antiguo, y siempre ha surgido de la arrogancia. ¿Por qué no podemos, como raza humana, unirnos y reconocer todo el dolor y dificultad propiciado por el primer racista: Shaitan (Satanás)?
Cuando Al-lah, con Su infinita sabiduría y conocimiento, le Dijo a los ángeles y yinn que hiciesen una reverencia delante de nuestro padre Adam, la paz sea con él, el primer humano, Shaitan se negó. La raíz de esta negación fue su arrogancia y prejuicios. Él alegó ser mejor que nosotros porque fue creado de fuego, mientras que Adam fue creado de barro. {Dijo: No he de hacerla ante un ser humano al que has creado de arcilla, de barro maleable.} [Corán 15:33]
¿Dónde está la lógica de este argumento? ¿Puede un ser humano, sin importar su color, cultura, ubicación geográfica o sexo, encontrarle una lógica? ¡Claro que no! ¿Quién dice que el fuego es superior al barro o viceversa? ¿Qué proceso tan irracional y cerrado lo hizo conjurar tan absurda afirmación? La respuesta es la arrogancia, pura y simple. No hay por qué excusarla ni por qué defenderla.
Como comunidad musulmana, me temo que hemos caído presas de la arrogancia. Esta joven muchacha con la que comí es una de millones que piensan igual. Es cierto que muchos musulmanes no se expresarían con la misma falta de tacto y sin pensar en lo que dicen, pero aún así continúan articulando y perpetuando la misma idea: todos somos iguales, pero algunos de nosotros son más iguales que otros.
Como comunidad, aquí en la tierra de los Pieles Rojas, estamos llenos de prejuicios raciales bien difundidos que deshumanizan la imagen que tenemos de miles de millones de personas. Vemos a nuestra herencia cultural y genética como la mejor que hay. Simplemente nos negamos a asumir humildemente nuestra verdadera posición: la de Siervos de Dios, no mejores que nadie… salvo en las obras.
Este es exactamente el pecado de Satanás. Al-lah le ordenó y él se negó a obedecer. En lugar de decir “escuchamos y obedecemos” prefirió decir “No”. Rechazó y luego (¿qué tan familiar suena esto?) salió con una excusa absurda: No tengo porque obedecerte, Señor mío, pues me Creaste de fuego y a él de barro. Su insana afirmación está empapada de ironía, al punto que provoca nauseas.
Satanás admite que es creado, y por lo tanto una criatura inferior. Él también admite que ambos, él y Adán, la paz sea con él, fueron hechos por el mismo Creador. También admite algo de la magnanimidad del Creador cuando elogia su propia creación de fuego. A pesar de reconocer estas verdades acerca de Al-lah, Shaitan todavía persiste en sus arrogantes conjeturas. Eso es exactamente lo que un racista es y hace.
Ninguno de nosotros, estoy segura, quiere imitar a Satanás. Pero la significancia de que su primer acto de incredulidad haya sido una profesión de su racismo, es grande. Si la arrogancia y el racismo es lo que hizo que lo expulsen del Jardín, no nos debe caber la menor duda de que utilizará la misma táctica con los humanos, instigando un grupo de personas contra otro. La principal estrategia de Satán en su guerra contra los humanos es dividir y vencer.
 
La nación estado: un camino hacia la segregación
Una de las características esenciales de la era moderna es el nacionalismo, desarrollado durante la Ilustración Europea. Por definición, el nacionalismo divide a la gente, las etiqueta y las categoriza. Este fenómeno procede de una cualidad mencionada en el Corán cuando Al-lah Dice, (lo que se interpreta en español): {…pero el hombre es un gran discutidor.} [Corán 18:54] Como seres humanos nos gusta ostentar nuestras diferencias, escogiendo algunas cualidades humanas como mejores que otras. La belleza del Islam a este respecto es que nos enseña que todas nuestras diferencias tienen como objetivo mostrar la infinita capacidad creativa de Al-lah. Cada ser humano es único, lo cual solo sirve para magnificar la unicidad de Al-lah. Sin embargo, nuestras diferencias no deben opacar ni eclipsar nuestro verdaderamente único propósito en la tierra: adorar a Dios; no el vivir para alcanzar estatus o gloria.
La comunidad musulmana de América se ha olvidado, lamentablemente, de esto o tiene temor de darse cuenta. Sé que muchos se rieron de la insensatez de la amiga de mi prima cuando no entendió la gran importancia de la Unicidad de Dios, pero es mi opinión que nuestra comunidad en general no la entiende tampoco. Puede ser que la conozcamos, y hasta la repitamos varias veces al día, pero fallamos en incorporarla en nuestras vidas. Si lo hiciésemos, eso se vería claramente en nuestras Masayid [sing. Masyid, Mezquita], escuelas y hogares.
Nuestras Masayid son segregadas. Nuestras escuelas son segregadas. Y no necesito mencionar siquiera el desagrado que suscitan los matrimonios interculturales (seamos claros. En realidad ni siquiera son interculturales pues la mayoría de las parejas tienen crianza americana. No son más que matrimonios entre gente de diferentes colores).
Los padres inmigrantes han traído consigo todos los traumas culturales de sus países de origen, y todos hemos incorporado –muy eficientemente, dicho sea de paso–, como buenas minorías, el racismo prevaleciente en la generalidad de la población norteamericana hacia los afro-americanos, latinos y otras etnias. Estamos tan claramente jerarquizados que los eruditos del Iluminismo difícilmente hubiesen podido diseñar mejor nuestras comunidades.
Los árabes ricos (sirios por lo general) y los Desi ricos (hyderabadis por lo general) están en la punta de la escala. Ellos presiden sus respectivas y separadas comunidades. Luego vienen los menos ricos y acomodados, etc., etc. Por su puesto, al ingresar en una comunidad con una cultura dominante –digamos la palestina, pues es la que mejor conozco– la gente que no ha sido “bendecida” con tal clase de sangre son empujados hacia la periferia y hasta relegados completamente.
Solo he hablado acerca de las comunidades musulmanas emigrantes Desi y árabes. Eso es debido a que mi conocimiento de cualquier otra comunidad musulmana es limitado. Nunca he estado en una comunidad de latinos –he conocido menos de 5 musulmanes latinos–. He estado algunas veces en una comunidad musulmana afro-americana para realizar ciertos proyectos, y eso es todo. De las otras comunidades musulmanas no tengo conocimiento alguno.
Es una vergüenza, una gran vergüenza. No tenemos excusas que ofrecer ni explicaciones que dar. Todo lo que puedo decir es que esta situación proviene de nuestra incapacidad de reconocer e incorporar la más básica y esencial enseñanza del Islam: Al-lah Es uno y el Único que debe ser adorado. Al-lah Dice en el Corán (lo que se interpreta en español): {Por cierto que He creado a los genios y a los hombres para que Me adoren.} [Corán 51:57] Hasta que no comprendamos claramente este punto siempre seremos presas de las tácticas de Satanás. Seremos seducidos por la gloria y las riquezas de este mundo, empujando a nuestro prójimo hacia los lados en este mundo que hemos creado, donde prevalece la ley de la supervivencia del más apto.
¿Cuánto tiempo más caeremos presas del plan de guerra de Shaitan? ¿Cuándo nos uniremos bajo el estandarte de nuestra adoración a Al-lah?

Tengo una propuesta modesta. ¿Qué tal si tenemos siempre en mente de qué material Al-lah nos Creó y, más aún, tener en mente que Él fue el Único que nos Creó a todos?

Hablando de fronteras y nacionalidades (Parte 1)

 

 

 

Hablando de fronteras y nacionalidades (Parte 2)

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