Educación coránica para las mujeres (Parte 3)

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Continuamos con la serie de reflexiones sobre 5 aleyas de la Sura del Ah-zab, la número 33 del Corán, versículos en los cuales se habla sobre el comportamiento de la mujer musulmana, conductas y virtudes que ella debe tomar del ejemplo dejado por las madres de los creyentes (las esposas del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam), que Al-lah Esté complacido con todas ellas. En las dos primeras partes mencionábamos la forma en que Al-lah Educa a las madres de los creyentes, que Al-lah Esté complacido con todas ellas, en aspectos como el recato en la forma de actuar, hablar y vestir cuando interactúan ante otras personas, en especial los hombres que no son sus Mahram (hombres frente a los cuales puede quitarse el hiyab [velo], como su padre, esposo, hermano, tío, sobrino, suegro, hijo, nieto y yerno), y que, por lo tanto, lo mejor para ellas es que permanezcan en sus hogares y que solo salgan cuando hay necesidad de ello, como cuando van a la escuela, a la universidad, al médico o al trabajo.

La siguiente reflexión la hacemos de lo que Al-lah Dice (lo que se interpreta en español): {Ciertamente Al-lah Quiere Apartar de vosotros todo pecado, ¡Oh, familia del Profeta!, y Purificaros}; es decir, que siguiendo las enseñanzas expuestas en estos versículos serán purificados. Al-lah, Altísimo sea, Decretó todos y cada uno de los preceptos del Islam, ya sea que estén relacionados con la creencia, la práctica de adoración, las leyes de la Shari’ah o el comportamiento, para que de esta manera el ser humano trascienda y se eleve por sobre todo lo que daña física y espiritualmente. En la parte de la aleya que estamos refiriendo, Al-lah Establece que el comportamiento es el medio por el cual se purifica el ser o se contamina, dependiendo de la conducta que siga la persona; por ello, para que nuestro ser se dignifique, Dictaminó estos principios esenciales en la conducta y el comportamiento del musulmán. Pero además, encontramos un señalamiento directo hacia la familia del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, específicamente todos aquellos que vivieron en su época y creyeron en él; pues su familia, que Al-lah Esté complacido con ellos, es especial y tiene un grado de importancia en la Ummah (claro, exceptuando a su tíos Abu Lahab y Abu Talib; el primero por haber sido el peor de los enemigos que hayan existido en la historia del Islam, y el segundo por haber rechazado el llamado de su sobrino, pese a que le ofreció protección y ayuda mientras vivió). Es importante aclarar que el término “familia del Profeta” comprende a sus tíos, primos, hijos, nietos y esposas, y no como algunos pretenden, limitándolo solamente a su hija Fátima, su primo ‘Ali y sus dos nietos, Al Hasan y Al Husain, que Al-lah Esté complacido con todos ellos.
Luego de este señalamiento en el que se enaltece a la familia del Profeta, que Al-lah Esté complacido con todos ellos, Al-lah nos Dice (lo que se interpreta en español): {Y transmitid los preceptos de Al-lah y la sabiduría [la Sunnah] que se mencionan en vuestras casas}. Esta es una de las claras razones por las que Al-lah Decidió que Su Profetas, sallallahu ‘alaihi wa sallam, tuviera varias esposas en la época en que las leyes de la Shari’ah y sus decretos comenzaron a establecerse. Ellas tenían el honor de haber sido testigos presenciales de la revelación, que en varias ocasiones descendió en sus casas; por lo tanto, tenían la responsabilidad y obligación de aprender, memorizar y transmitir con detalle todo lo que les fue enseñado por su esposo, el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam. Algunas de ellas se destacaron por el gran número de hadices que transmitieron del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, como ‘A’ishah, que Al-lah Esté complacido con ella, que además es conocida como una de las personas más sabias de la Shari’ah.
En cuanto a lo que Al-lah nos Dice (lo que se interpreta en español): {Al-lah les Tiene Reservado Su perdón y una gran recompensa a los musulmanes y las musulmanas, a los creyentes y las creyentes, a los piadosos y las piadosas, a los justos y las justas, a los pacientes y las pacientes, a los humildes y las humildes, a aquellos y aquellas que hacen caridades, a los ayunadores y las ayunadoras, a los pudorosos y las pudorosas, y a aquellos y aquellas que recuerdan frecuentemente a Al-lah}; aunque estas palabras son claras y se entiende a lo que se refieren, es importante recordar que son una prueba de que en el Islam la mujer es tenida en cuenta al igual que el hombre. El sistema ideológico y jurídico del Islam, basado en esta parte de la aleya y en otras más, establece la igualdad real que existe entre el hombre y la mujer y las diferencia que por naturaleza tiene cada uno respecto al otro. Por respetar esta igualdad y las diferencias, y haber podido relacionar con equilibrio y justicia estas diferencias e igualdades, es que el Islam logró fundamentar una sociedad donde los hombres y las mujeres vivieran en armonía, sin que haya una batalla a campo abierto entre ambos sexos en la que cada uno quiera imponerse. Al-lah nos Enseña en el Islam que el hombre y la mujer no son enemigos y que, por el contrario, el uno necesita del otro para complementarse y vivir en plenitud.
{Un verdadero creyente o a una verdadera creyente no deben, cuando Al-lah y Su Mensajero hayan dictaminado un asunto, actuar en forma contraria; y sabed que quien desobedezca a Al-lah y a Su Mensajero se habrá desviado evidentemente.} La orden de Al-lah en la última parte de estas aleyas que estamos analizando es clara: un verdadero creyente y una verdadera creyente deben cumplir con lo que Al-lah y Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, ordenan, sin discutir y mucho menos rechazar lo que se les ha pedido que hagan o crean. Esta es una de las características principales de los creyentes, quienes por convicción entienden que si Al-lah Decreta cualquier asunto, lo Hace en base al beneficio que este trae consigo para Su creación. El creyente y la creyente comprenden que Al-lah es Quien en realidad Sabe, y que el conocimiento que les Concedió es limitado; por lo tanto, la mejor opción para lograr vivir felices, tranquilos y seguros en esta y la otra vida, es cumplir con los mandatos de Al-lah y de Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam. No debemos olvidar que Al-lah en esta aleya nos Está Ordenando no solo cumplir con Sus órdenes, sino que también nos Manda cumplir con lo que Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, estableció; pues, al fin y al cabo, todo lo que dijo, hizo y aprobó el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, es parte de la revelación, aunque no sea parte del Corán.
Finalmente podemos concluir que el éxito en esta vida y en la del más allá depende estrictamente del seguimiento y cumplimiento de lo que Al-lah y su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, nos ordenan; por ello Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {…y sabed que quien desobedezca a Al-lah y a Su Mensajero se habrá desviado evidentemente.} Esta misma advertencia nos la Hace en otras partes del Corán, y son solo una confirmación más que, gústele a quien le guste o desagrade a quien desagrade, lo que Al-lah y Su Profeta establecieron es lo mejor para la humanidad y la creación entera, así que no nos queda otro camino más que cumplir a cabalidad con estas disposiciones si es queremos la salvación.

Educación coránica para las mujeres (Parte 1)

Educación coránica para las mujeres (Parte 2)

 

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