El rol crucial del corazón

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El Profeta Muhammad, sallallahu ‘alayhi wa sallam, nos informó en una famosa narración, normalmente citada con referencia a lo lícito (Al Halal) e ilícito (Al Haram), acerca del importante rol del corazón. Él, sallallahu ‘alayhi wa salla, dijo: “Ambos temas, lo lícito y lo ilícito, son evidentes, pero entre ellos existen cosas dudosas (sospechosas) y muchas personas no tienen el conocimiento acerca de ellas. Así que, quienquiera que se salve a sí mismo de esos temas sospechosos (alejándose de ellos), salva su religión y su honor. Y quienquiera que se deje tentar por esos temas sospechosos (será eventualmente) tentado por lo que está prohibido. Esto es como (el ejemplo de) un pastor que pasta (sus animales) cerca de una zona restringida de alguien más, y en cualquier momento él está propenso a entrar en ella sin autorización. (¡Oh gente!) ¡Tengan cuidado! Todo rey tiene una zona restringida, y la (zona restringida) de Al-lah en la tierra son los asuntos ilegales (prohibidos). ¡Tengan cuidado! Existe un pedazo de carne en el cuerpo, si este es reformado, todo el cuerpo se hace bueno; pero si se echa a perder, todo el cuerpo es maleado; de hecho, esto es el corazón” (Al Bujari).

 
Él, sallallahu ‘alayhi wa sallam, explicó que los temas legales son claros y que los prohibidos son claros, y que entre ellos existen áreas oscuras o dudosas, desconocidas para muchas personas. Sin embargo, lo que protege a la persona de las cosas prohibidas y asegura que permanezca en las legales o permitidas, es el conocimiento; pero más allá del conocimiento, es el estado del corazón. Si el corazón es bueno, entonces hará uso del conocimiento y evitará lo que está prohibido. Si el corazón está corrupto, entonces el conocimiento no tiene ningún beneficio para él y permitirá lo que está prohibido.
 
El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, durante su última peregrinación, informó a sus Compañeros, que Al-lah esté complacido con todos ellos, y esta fue una instrucción para toda la Ummah (Nación Islámica), que las personas no son favorecidas en base a su raza o color; sino más bien en base a su piedad y en cuán temerosos de Al-lah ellos son. Después de esto, él, sallallahu ‘alayhi wa sallam, aclaró que el lugar de la piedad es el corazón.
 
En esta y otras declaraciones similares, encontramos que se da énfasis al corazón, ya que el corazón es la parte del cuerpo que Al-lah Ha favorecido por sobre todas las otras partes. Este es el lugar de la fe, porque la fe es la cosa de más valor que el ser humano posee, la piedad también se sitúa allí. La fe es la fuerza principal de aquellos quienes creen en Al-lah, aquellos que han aceptado el mensaje y que han escogido el Paraíso en vez del Infierno. Esta es la diferencia entre aquellos que han creído y aquellos que no.
 
El valor de la fe es más grande que el valor de todas las cosas de este mundo. Es por eso que el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo que el hecho de que Al-lah Guíe a una persona a través de ti hacia el Islam, es más valioso que cualquier cosa en este mundo. El ayudar a una persona a encontrar la fe, es más valioso para ti que todas las cosas de este mundo (Al Bujari).
 
El corazón es el lugar en el cual se juzga la rectitud de las acciones. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo: “Las obras son juzgadas de acuerdo a la intención”. El lugar de la intención no es los labios, sino el corazón.
 
‘Umar Ibn Al Jattab, que Al-lah esté complacido con él, narró que el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo: “La recompensa de las acciones depende de la intención, y cada persona tendrá su recompensa de acuerdo con lo que haya pretendido” (Al Bujari).
 
Nuestras obras, lo que hacemos externamente, son juzgadas principalmente según el estado de nuestro corazón. Las buenas obras son aquellas que tienen que ver con la rectitud. Al-lah Examinará los corazones para determinar si verdaderamente son actos de rectitud.
 
El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, nos informó que las primeras tres personas que serán lanzadas en el fuego del Infierno, son aquellas que estaban involucradas en lo que todos consideramos como grandiosos actos de virtud. Ellas son: el estudioso que enseñó el conocimiento; la persona rica que dio de su riqueza en caridad y el mártir que dio su vida combatiendo en el camino de Al-lah.
 
El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, en una narración auténtica, dijo que algunas personas de entre esos tres tipos de gente, estarán entre los primeros grupos que serán arrojados al Infierno; porque el estudioso, cuando enseñó el conocimiento que Al-lah le Dio, no lo hizo por la causa de Al-lah, sino que lo hizo para que los demás lo ensalzaran, diciendo que era un gran estudioso y que poseía mucho conocimiento. Al-lah le Dirá: “Tú recibiste tu alabanza (de las personas), lo que buscabas en esa vida. Pero no habrá nada para ti en la Próxima”. Así que él será lanzado sobre su rostro y arrojado en el Infierno.
 
De igual manera, el benefactor que era generoso con su riqueza. Él daba y la gente lo alababa por su generosidad, pero Al-lah le Dirá: “Tú lo hiciste por la alabanza, y fuiste alabado. Lo hiciste para que la gente te apreciara”. Así que ese individuo será lanzado sobre su rostro y arrojado en el Infierno (Muslim).
 
El mártir, el que todos asumimos que ha muerto por la causa de Al-lah. Podríamos pensar que su lugar en el Paraíso está garantizado, pero Al-lah Dirá: “Tú combatiste para que la gente dijera: ‘¡Cuán valiente es éste! ¡Cuán fuerte y audaz era él!’ La gente dijo eso, ellos te alabaron”. Así que él será lanzado sobre su rostro y arrojado en el Infierno  

Todo esto nos dice que, incluso las acciones más elevadas pueden quedar invalidadas si el corazón está enfermo, si está corrompido. Así que debemos prestar una gran atención al lugar que ocupa el corazón en nuestra mente. Debemos gastar mucho de nuestro tiempo observando y siendo cuidadosos con el estado de nuestro corazón.
 
Así que no existe otra función u otro asunto en la vida del cual el creyente deba estar más preocupado. Tenemos que estar seguros de que esta función tiene lugar por voluntad de Al-lah. Debemos estar muy concientes acerca de esto. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, a menudo solía suplicar, comenzando con: “Busco refugio en ti, oh Al-lah, del conocimiento que no beneficia, y del corazón que no teme (Al-lahumma inni a'udhu Bika min 'ilmin la ianf'a wa min qalbin la iajsha)”(At-Tirmidhi, Abu Dawud, An-Nasa’i e Ibn Mayah).
 
 

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