Cómo el Profeta afrontó el problema del alcoholismo y la drogadicción (Parte 4)

4068 1939

Contrario a lo que alegan los defensores del consumo de embriagantes, alucinógenos y estupefaciente, bajo la excusa de que son beneficiosos de alguna forma, o como mínimo que es parte de las libertades individuales de cada persona, las ciencia ha demostrado lo perjudicial que son para la salud física y mental de la persona y su conducta. Este es un mal que ha sumido a las sociedades de todo el mundo en la ruina, pues es el causante de la destrucción de millones de familias directa e indirectamente. La pobreza, la violencia intrafamiliar y accidentes automovilísticos son, entre otros, los activos que se le pueden sumar a la cadena de perjuicios derivados por uno de los problemas más grandes que azotan y han azotado al mundo a lo largo de su historia. Die Al-lah, Alabado y Glorificado sea (lo que se interpreta en español): {Satanás sólo pretende sembrar entre vosotros la enemistad y el odio valiéndose de los embriagantes y los juegos de apuesta, y apartaros del recuerdo de Al-lah y la oración. ¿Acaso no vais a absteneros?} [Corán 5:91] 

Para muchos, este tipo de reflexiones y enseñanzas son suficientes, lastimosamente para otros no, y el Profeta de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, era consciente de ello. Por eso, además de aclarar los perjuicios de este mal y aconsejar constante y fuertemente a sus Sahabah de alejarse por completo de cualquier contacto con los embriagantes, dispuso una serie de ordenamientos legales y penales para ayudar a los que caigan en este mal a salir del vicio, y para proteger a la sociedad entera de los productores, comerciantes y consumidores de estos productos.  
 
En el caso de los consumidores, tenemos que el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “Castiguen con el látigo a quien consuma el Jamer” [Abu Dawud], y se relató que el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, golpeó con ramas de palmera y con chinelas a quien ingería embriagantes. Respecto a los productores y los que comercian con el Jamer, hay penas como el encarcelamiento y la clausura del establecimiento donde llevan a cabo su actividad.
 
Las penas en el Islam son correctivas y no vengativas, es decir, se busca hacer entrar en razón a los miembros de la sociedad en general, sea consumidor o no. Por ello, tenemos que antes de la aplicación de cualquier pena o la imposición del sistema penal en un Estado Islámico, este, el gobierno, debe haber garantizado a todos y cada uno de los ciudadanos los medios que les aseguren el crecimiento y el fortalecimiento de la fe, el desarrollo de las capacidades de los individuos y las fuentes de trabajo que les permitan a todos llevar una vida digna y lejos de la pobreza. En pocas palabras esto se resume en asegurar la educación, la salud, el trabajo y la seguridad en la sociedad y dar las oportunidades a todos por igual.
 
Lo anterior fue tan sólo un resumen de la forma en que el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, estableció un modelo para lidiar y acabar definitivamente con el problema del alcoholismo, la drogadicción y la farmacodependencia en la sociedad. Primero, se debe generar y fortalecer la Taqwa, para que se sienta vergüenza de desobedecer a Al-lah y para que se reconozca y se sea consciente de que si Al-lah Prohíbe cualquier cosa es por nuestro bien, y no lo Hace para Castigarnos o Amargarnos la vida. Segundo, se debe enseñar a las personas el mal y perjuicio que estas sustancias generan en el individuo y la sociedad en general, y prevenirlas del peligro que estas representan para alejarlas definitivamente de cualquier contacto con ellas. Por último, aplicar un sistema jurídico y penal que permita ayudar a los que han caído en la adicción o que acostumbran hacerlo de vez en cuando, y que libere a la sociedad de la avaricia y maldad de quienes buscan enriquecerse perjudicando a los demás.
 
 
 

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