¿Quiénes son los musulmanes?

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La palabra “musulmán”significa "alguien que se somete a la voluntad de Al-lah". El primer pilar del Islam se conoce como shahadah (testimonio de fe), y dice así: "No existe dios verdadero aparte de Al-lah y Muhammad es el último mensajero (profeta) de Al-lah".

 
En el más amplio sentido de la palabra, todo aquel que se somete a la voluntad de Al-lah por deseo propio es un musulmán. Por lo tanto, todos los profetas que precedieron al Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, son considerados como musulmanes.
 
El Islam no debería ser juzgado en base a ciertos individuos que tienen un nombre musulmán, pero cuyas acciones y comportamiento no son los de un musulmán. Los musulmanes son gente común y corriente igual a los demás; los hay buenos y los hay malos. No son criaturas perfectas y, por lo tanto, también cometen errores.
 
Al enumerar los rasgos de los musulmanes no debemos asumir que todos los musulmanes poseen estas características, sino solamente aquellos que siguen las enseñanzas del Islam lo mejor que pueden.
 
Las características propias de los musulmanes, de acuerdo a las enseñanzas del Islam, se pueden definir de la siguiente manera:
 
- El musulmán es sincero, no deshonesto.
- Es humilde, no arrogante.
- Elige términos medios, no los extremos.
- Es honesto, no corrupto.
- Es reservado, no locuaz.
- Habla con sutileza, sin alardear.
- Quiere y ayuda a los demás, se preocupa por ellos.
- Es considerado y compasivo, no es duro de corazón.
- Es cortés y siempre dispuesto a dar una mano, no insulta ni le falta al respeto a nadie.
- Es generoso y caritativo, no es egoísta ni tacaño.
- Es refinado y gentil al hablar, evita decir malas palabras y maldecir.
- Es alegre y generoso, no es un amargado ni un rencoroso.
- Está agradecido por lo que posee, no es un ingrato.
- Es alegre y una buena compañía, no es irritante ni de personalidad sombría.
- Es casto y puro, no un lujurioso.
- Siempre está alerta y no se pierde en sus pensamientos.
- Tiene dignidad y es decente y afable.
- Es sincero y directo, no un hipócrita.
- Es optimista y cobija la esperanza, no es un cínico ni un pesimista.
- Es seguro de sí mismo y su fe es sólida, no duda ni flaquea.
- Se enfoca en lo espiritual y no en lo material.
- Siempre tiene fe en la compasión de Al-lah, no se deprime ni se desespera.
- Es diligente y cumplido, no es negligente en sus asuntos.
- Es agradecido para con Al-lah y Le reza constantemente, sin olvidar nunca Sus innumerables bendiciones.
 
La personalidad del musulmán es equilibrada: da la atención necesaria a sus necesidades fisiológicas y a su apariencia, sin permitir que esto le impida nutrir sus valores internos; tal y como es propio del hombre, a quien le fue otorgado un lugar de honor por Al-lah cuando Hizo que Sus ángeles se postraran ante Adán, y cuando Decidió subyugar todo lo que hay en los cielos y la tierra ante el ser humano. El musulmán también se preocupa por todo aquello que le permita alcanzar un buen desarrollo intelectual y manera de pensar, de tal forma que pueda llegar a comprender la naturaleza y esencia de lo que lo rodea. Nunca olvida que los hombres no se componen solamente de un cuerpo y una mente, sino que también poseen alma y espíritu, y esto, a su vez, despierta en él el deseo de alcanzar metas superiores que le permitan sobrepasar la vida material y trascender a un nivel de bondad, virtud y luz. Por esta razón, el musulmán presta atención a su desarrollo espiritual del mismo modo que presta atención a su desarrollo físico e intelectual, guardando así un equilibrio perfecto y sin concentrar su atención en un solo aspecto mientras descuida los demás.
 
Con respecto a sus padres, el musulmán es un ejemplo de amor filial sincero, de buen trato, de compasión infinita, de cortesía y de profunda gratitud.
 
Y con su esposa es un ejemplo de trato bueno, amable e inteligente, de entendimiento profundo y de cumplimiento adecuado de sus responsabilidades y deberes.
 
El musulmán es también un padre que está consciente de la gran responsabilidad que tiene para con sus hijos. Aunque los llena de amor y compasión, al mismo tiempo presta mucha atención a las cosas que podrían afectar su educación como musulmanes.
 
El musulmán tiene cuidado en preservar los lazos de parentesco y está consciente de sus deberes para con sus familiares. Sabe muy bien que los familiares gozan de un estatus muy alto dentro del Islam y, por lo tanto, permanece siempre en contacto con ellos sin importar las circunstancias.
 
En cuanto a sus vecinos, el verdadero musulmán es un ejemplo de buen trato y de consideración hacia los sentimientos y sensibilidades de los demás. Tolerará el maltrato y fingirá no notar las faltas de sus vecinos, mientras evita, al mismo tiempo, cometer esos errores él mismo. Siempre adopta una actitud islámica, según la cual tratar a los vecinos bien constituye un principio básico del Islam. Su relación con sus hermanos y amigos es de la naturaleza más pura que puede haber, ya que se basa en el amor común por la causa de Al-lah. Este amor inmaculado, sincero y fraternal deriva su pureza de la guía proporcionada por el Corán y la Sunnah (tradiciones y acciones aprobadas del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam), la cual ha pasado a convertirse en un sistema único en las historia de las relaciones entre los seres humanos.
 
En cuanto a su relación con el resto de la sociedad, el musulmán muestra buenos modales y un comportamiento civilizado y noble, caracterizado por las actitudes que son alentadas dentro del Islam. El Corán y la Sunnah enseñan un buen comportamiento, a tal grado que éste es un deber dentro del Islam y, por lo tanto tendremos que rendir cuentas de ello.
 
Esta es la imagen clara y hermosa del musulmán cuya personalidad ha sido moldeada por el Islam, y cuyo corazón, mente y alma reflejan la luz divina de esta fe.
 
El avance de la sociedad no se mide solamente en términos de sus logros científicos e inventos. Hay otros estándares mucho más importantes para medir a la sociedad. Estos estándares consisten en el predominio de valores humanos tales como el amor, la empatía, el altruismo y el sacrificio; así como en pensar, portarnos e interactuar con nuestros semejantes de manera honrada y pura.
 
Si el individuo constituye la base de la sociedad, entonces una sociedad con la orientación correcta pondrá atención al desarrollo humano y fomentará los aspectos positivos y constructivos; mientras busca, al mismo tiempo, eliminar los elementos negativos y destructivos, de tal manera que cada individuo llegue a ser un ciudadano modelo. A su vez, grupos de ciudadanos modelos son los que conforman una sociedad limpia, civilizada, fuerte, saludable y recta.

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