Al Hiyrah (La Emigración) (Parte 1 de 3)

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Emigrar significa dejar un lugar por otro, un país por otro, una situación por otra, etc. Esta emigración puede ser voluntaria o forzada.  Desde que el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alayhi wa sallam, empezó a predicar el mensaje del Islam a sus compatriotas en La Meca, encontró una fuertísima oposición por parte de la clase gobernante, los ricos y poderosos. El mensaje de igualdad, justicia y monoteísmo que enseñaba el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, era visto con muy malos ojos por aquellos que habían hecho de la explotación de los más débiles una forma de vida.

A pesar de la oposición, la comunidad de creyentes musulmanes iba en constante crecimiento, principalmente entre la gente humilde. Los líderes de La Meca utilizaban todos los medios verbales posibles para asustar a los nuevos musulmanes y hacerlos renunciar a su fe monoteísta; pero no tuvieron mucho éxito, por lo que pasaron a utilizar la fuerza bruta, la persecución y la discriminación.

La situación era desesperante; los musulmanes eran abusados y hasta asesinados impunemente sólo por sus principios religiosos. Se hacía necesaria una solución a este problema, la cual vino en forma de la emigración.

   

Luces de esperanza desde Medina

Once años después de que empezara la misión profética de Muhammad, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y durante un periodo muy crítico de la misma, un grupo reducido de personas provenientes de la ciudad de Medina escucharon la prédica del Islam y creyeron en él. Estas personas volvieron a La Meca al año siguiente, acompañadas de más musulmanes nuevos de Medina, y le ofrecieron protección al Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y un lugar donde vivir en paz y enseñar el Islam. A pesar de lo tentadora que era la oferta, el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, decidió rechazarla, porque Al-lah aún no le había dado permiso para emigrar.

Al año siguiente, en junio del 622 d.C., un grupo de 70 musulmanes de Medina volvió a visitar al Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, en La Meca y volvieron a hacer la oferta. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, aceptó esta vez, porque Al-lah así lo había ordenado.   

   

El inicio de la Emigración

La emigración hacia Medina, en términos personales, significó el abandono de los bienes materiales a cambio de que sus vidas estuvieran a salvo. Pero el que emigraba estaba expuesto a que le robaran o asesinaran al comienzo o al final de su partida. El futuro era oscuro, lleno de impredecibles contrariedades.

Teniendo todo esto en cuenta, los musulmanes empezaron a emigrar, mientras los politeístas se esforzaban por impedirlo y prohibirlo, sabiendo de antemano que esto implicaba el peligro de la desintegración y destrucción de toda su sociedad.

Sin embargo, los creyentes se las ingeniaron para poder escapar en sucesivos grupos, tan rápidamente que, a los dos meses de la visita de los 70, un cuarto de La Meca estaba vacía. Todos los musulmanes habían emigrado a la nueva morada, excepto Abu Bakr, ‘Ali, el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y los desafortunados que fueron detenidos por los idólatras. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, junto a Abu Bakr y ‘Ali, que Al-lah esté complacido con ellos, hicieron todos los preparativos necesarios para emigrar, pero esperaban la orden de Su Señor.

 

La emigración del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam

 El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, junto a Abu Bakr, emigró durante la noche del 12 ó 13 de Septiembre del 622 d.C., aproximadamente catorce años después de haber recibido la primera revelación del Corán.

Sabiendo que Quraish movilizaría todo sus recursos para encontrarlo, el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, decidió una estrategia inteligente: en vez de tomar la ruta norte hacia Medina, como lo esperarían los incrédulos, él y su compañero tomaron una ruta hacia el sur de La Meca que se dirige al Yemen. Recorrieron 5 millas hasta llegar a una montaña rocosa llamada Azur, donde permanecieron por tres días.

 

Continúa…

 

  

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