El sistema social en el Islam (parte 1 de 2)

Lunes 19-3-2017| IslamWeb

Cuatro categorías de derechos y deberes en la vida del ser humano


Es un hecho establecido que el Islam es una forma de vida integral, una guía completa para toda la humanidad que abarca todos los aspectos de la vida. La Ley Islámica (Shari’ah) no sólo comprende asuntos civiles o penales, sino que cubre cada aspecto de la vida. El aspecto moral, físico, psicológico, económico, etc., nada es dejado de lado. La Shari’ah se preocupa por el hombre desde que éste se encuentra en el vientre de su madre, hasta su muerte, se ocupa de cada detalle.
La Shari’ah es el conocimiento, la disciplina y la ciencia de los derechos y deberes del hombre, y de lo que es bueno y malo para él, individual y colectivamente.
De esta manera, el sistema de vida que el Islam contempla consiste en un conjunto de derechos y deberes, y cada ser humano que acepta esta religión tiene que vivir de acuerdo a ellos. Hablando en términos generales, la ley del Islam se ocupa de la vida del hombre en cuatro categorías de derechos y obligaciones, o tipos de relacionamiento:
- El hombre y su relación con Dios, su Creador.
- Su relación consigo mismo, o sus derechos y obligaciones para consigo mismo.
- Su relación con las otras personas.
- Su relación con el medio ambiente o, en otras palabras, los derechos de aquellos recursos que Al-lah ha puesto bajo su dominio y le ha permitido usarlos para su beneficio.
Las criaturas, por la naturaleza de su ser creado, tienen que someterse a su Creador. Habiendo establecido que Al-lah es en realidad el Único Dios que debe ser adorado, el Corán y la Sunnah (las tradiciones proféticas) explican la forma correcta de adorarlo. Debe existir unidad entre la forma de adoración del hombre y su actitud hacia la vida. El Dios adorado por el hombre en sus oraciones y actos de devoción, es el mismo Dios al que se dirige mientras estudia, se gana la vida, e intenta mejorar las condiciones en esta tierra. Es el mismo Dios al que se encomienda mientras come o bebe, mientras se comunica con su familia o con otras personas, mientras está en la guerra o en la paz.
Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {Diles: Por cierto que mi oración, mi oblación, mi vida y mi muerte pertenecen a Al-lah, Señor del Universo.} [Corán 6:161]
La adoración regular a lo largo de la vida provee al hombre de un espíritu extraordinario. Las oraciones diarias prescritas, por ejemplo, consisten en repetir y refrescar cinco veces al día las creencias en las cuales se basa nuestra fe. Los tiempos de las oraciones (el amanecer, el medio día, la tarde, el ocaso y la noche), corresponden con los cinco periodos de la vida del hombre: la etapa de la niñez y juventud, la etapa de la madurez, la etapa de la vejez, la muerte y la vida después de la muerte hasta el Día de la Resurrección. El amanecer de un nuevo día simboliza la Resurrección; así, cada día es un ciclo completo de la vida del hombre, en analogía con la vida del mundo. Durante cada tiempo de adoración, el musulmán se desliga de sus compromisos mundanales por unos instantes, se purifica y se presenta ante su Señor, buscando ser escuchado por Él. A través de la recitación del Noble Corán, él es elevado a tal estado espiritual, que es como si lo recibiera directamente del Señor del universo. Le pide una y otra vez que lo Guíe por el sendero recto, que Refuerce su creencia en todos los pilares de la fe y que Avive su recuerdo del hecho de que tendrá que comparecer ante su Señor y rendirle cuentas de toda su vida. Él se desahoga ante su Señor y pide Su ayuda ante todas las dificultades por las que pasa en este mundo. De esta manera, las oraciones diarias fortalecen los cimientos de su fe, lo preparan para la práctica de una vida de virtud y obediencia a Al-lah, y restauran su fe de la cual emana la fortaleza, la serenidad, la determinación, la pureza del alma y el enriquecimiento de la moral. El Corán afirma (lo que se interpreta en español): {…y haz la oración, que ciertamente la oración preserva de cometer actos inmorales y reprobables…} [Corán 29:45]
Entonces, el musulmán debe realizar sus oraciones diarias en congregación, especialmente la oración de los viernes (Yum’ah) al medio día. Esto crea un lazo de amor y mutua comprensión entre los musulmanes. Esto despierta en ellos un sentido de unidad colectiva y fomenta entre ellos sentimientos de hermandad. Todos ellos realizan sus oraciones en una misma congregación, y esto les inculca un profundo sentimiento de hermandad. Las oraciones son también un símbolo de igualdad, para el pobre y para el rico, para el que está abajo y el que está arriba, para los gobernantes y los gobernados, para el educado y el iletrado, para el blanco y para el negro, todos se paran en una fila, uno a lado del otro, y se postran ante su Señor; además, inculcan en ellos un fuerte sentido de disciplina colectiva y de obediencia al líder de la comunidad. Las oraciones entrenan a los musulmanes en todas esas virtudes, lo cual hace posible el desarrollo de una vida plena, tanto individual como colectiva.


El hombre es el representante de Al-lah


El Islam considera al hombre como un representante de Al-lah, y no tolera su degradación mediante el sometimiento a cualquier clase de humillación o poderes opresivos. El Islam es el verdadero camino hacia la libertad. Esta es la religión que invita al hombre a luchar contra la opresión y la tiranía, para recuperar su libertad y dignidad. Así, al postrarse solamente ante Al-lah, el musulmán declara que no se inclinará ante ningún otro excepto Él. El Islam es el camino hacia la verdadera libertad y no permite ninguna servidumbre, promete la libertad para todos los hombres, e independencia de pensamiento, acción, propiedad y religión; y protege la integridad del hombre, así como su honor y dignidad. El Islam también libera al hombre de la esclavitud de sus deseos; los placeres sensuales no deben tentarlo ni corromperlo. El consumo de alcohol, el libertinaje, las apuestas, los clubes nocturnos, la actividades sociales mixtas, las películas que enseñan cosas malas, la homosexualidad, la fornicación y el adulterio, la pornografía, el derroche de dinero, el consumo ostentoso, la arrogancia, la avaricia, etc., son todos actos humillantes para el ser humano, que le quitan su honor y su dignidad, y han sido usados por toda clase de colonialismo, explotación e imperialismo. Por lo tanto, la oración diaria y las otras formas de adoración, tales como el Zakat (caridad para los pobres), inculcan en el ser humano la voluntad de luchar contra todas las formas de autodegradación.


Las principales causas para convulsiones y desmoronamientos sociales


Según lo señalado por un pensador musulmán contemporáneo, las dos causas principales para las convulsiones y los desmoronamientos sociales, son: 1) la idea de “dejen a todo el mundo trabajar para que yo pueda comer”, y 2) el pensamiento de “no me interesa si otros mueren de hambre, siempre y cuando yo esté satisfecho”. El Islam elimina la primera de estas causas mediante la prohibición de todo tipo de transacciones basadas en el cobro de intereses o usura (Riba); y la segunda, mediante la orden de pagar el Zakat. El Zakat es el puente entre los diferentes niveles económicos de la sociedad.
El Zakat es la obligación islámica que todo musulmán que se encuentre en una situación económica por encima de cierto mínimo especificado, debe pagar. El propósito de pagar el Zakat es lograr la aceptación de Al-lah, y esto es posible al servir a la gente.
El dinero que pagamos en el Zakat no es algo que Al-lah necesite o reciba. Él está por encima de toda necesidad o deseo. Él, en Su bendita misericordia, promete muchas recompensas a quienes dan en caridad; pero existe una condición básica para lograr esas recompensas, y es que cuando damos en el nombre de Al-lah, no debemos esperar ninguna recompensa mundanal por parte de los beneficiarios, ni debe ser nuestro objetivo el obtener reconocimiento como filántropos. Al-lah Dice en el Corán (lo que se interpreta en español): {Quienes contribuyan con sus bienes por la causa de Al-lah, sin hacer alarde de ello ni cometer agravio, tendrán su recompensa en la otra vida y no temerán ni se entristecerán. Hablar correctamente y perdonar es mejor que una caridad seguida de un agravio. Al-lah es Opulento, Tolerante.} [Corán 2:262-263]
El Zakat es tan fundamental para el Islam como las otras formas de adoración, tales como el ayuno y la oración. Su principal importancia reside, además de sus funciones económicas y sociales, en el hecho de que fomenta en el musulmán cualidades de sacrificio y lo aleja del egoísmo y la avaricia.
La sociedad musulmana se beneficia inmensamente de la institución del Zakat. Es una obligación para cada musulmán pudiente ayudar a la gente humilde, a sus hermanos pobres. La riqueza que posee es muy pequeña en comparación con los regalos que recibe de Al-lah, tales como el sol, la lluvia, la tierra y los recursos naturales; así que no debe estar pensando únicamente en su propia comodidad y lujos, pues existen otras personas que tienen derechos legales sobre su riqueza, como las viudas y los huérfanos, el pobre y el enfermo, aquellos que tienen las capacidades pero carecen de los medios para sustentarse, y aquellos que posees facultades e inteligencia pero carecen del dinero con el cual pueden convertirse en miembros útiles para la comunidad.
El Islam considera una gran injusticia el hecho de llenarse el estómago y acumular riquezas, mientras miles de personas mueren de hambre o sufren la agonía del desempleo, el Islam se opone rotundamente a esa clase de egoísmo y avaricia. A través del pago obligatorio del Zakat, la persona comparte un pequeño porcentaje de su riqueza con otros, y los ayuda a levantarse y convertirse en miembros productivos para la sociedad.

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